Acerca del ladrillo

Hechos con el humus, capa de tan solo un metro de la corteza terrestre que se encuentra únicamente en zonas fértiles, el ladrillo, como lo conocemos hoy, es uno de los materiales de construcción más antiguos. Su vigencia a través de las épocas es sorprendente. La tecnología con la que se obtiene es idéntica a la que utilizaban hace 5000 años los caldeos y los asirios, sus inventores. Su forma proviene del tamaño que puede tomar un golpe la mano y se ha mantenido invariable a través de los siglos. De fácil obtención y bajo costo, las obras concebidas con este material requieren mano de obra especializada, pero no reviste una gran complejidad, pudiendo conseguirse con él propósitos muy precisos en el orden de lo formal, espacial, funcional y significativo. Sin lugar a dudas, trabajar con ladrillo es trabajar con un elemento primario, emparentado con la tierra. Los otros tres elementos básicos, el agua, el fuego y el aire, a los que los griegos atribuyeron premisas y poderes regidores del universo, poseen atributos más etéreos e incluso más definidos. La tierra como materia matricial es el pasado y el futuro de todo. No es arbitrario entonces que el ladrillo, en sus proporciones y su materia, pueda ser presentando como el símbolo mismo de la arquitectura. En nuestro medio y según su procedencia, el ladrillo varía en color y textura. Pueden encontrarse un rojo-naranja fuerte y recorrer el círculo cromático hasta un amarillento-marrón. Expuesto a una mayor cocción presenta manchas plateadas-doradas con tintes violáceos. A medida que envejece, su relación con la tierra se hace más evidente, y adquiere una patina que le aumenta su atractivo. Sin embargo, el color representativo del ladrillo, ese naranja terracota, ya tiene estatuto de clásico. Sus texturas pueden ser muchas. La porosidad áspera y fragmentaria de su forma inicial es apta para los muros exteriores y portantes. Incluso puede ser utilizado en interiores, tratados con lacas y siliconas que se realiza con el fin de vitar desprendimientos de polvillo. Con el mismo material, de recortes o sobrantes molidos y mezclados con cemento, es posible lograr distintos tipos de revoque, que estirados y continuos como las paredes de una vasija, son utilizados en rebordes, recuadros y detalles. Pocos materiales acompañan al ladrillo en su nobleza. Quizás la única que pueda opacarlo en cuanto a antigüedad y vigencia es la madera. Usada en la construcción aporta a la obra desde soluciones estructurales hasta revestimientos de pisos y paredes. Quebrachos, Anchicos o Virapitas, todas ellas maderas duras, comparten con los ladrillos la categoría de los elementos constructivos más antiguos aun empleados.

 

 

 

   
     

 

 

 

 

 

 

 

   

Cerca del río

Si cabe hablar de inspiración (y aquí es muy lícito hacerlo) la arquitectura cuenta con la ventaja del inminente aquí y ahora que presenta el "locus sitio". Las condiciones geográficas hacen que la idea del proyecto sea única y propia a ese lugar y a ese entorno. Así al construir cerca del río, más precisamente un río que sirve de amarras, la influencia del diseño de los barcos se hace notar y sirve como punto de partida. La forma y el color de los cascos de las embarcaciones náuticas presentan constantes. La quilla, la popa y la proa componen una forma pura, generalmente de intenso color blanco que, en este caso, ha sido retomada y resignificada por el proyectista en el cuerpo de la vivienda. Por otra parte, los mástiles en perspectivas, perpendiculares y oblicuos al horizonte, sirvieron para pensar otras relaciones. El proyecto abunda en líneas que se cortan e intersecan reformulando trazados complejos, extraídos a su vez de ese tipo de formaciones caóticas. Las buñas delimitan paños recorriendo los muros como los hilos en un paquete. Estos resuelven dos cuestiones. La primera es orden técnico: poder realizar el estirado del revoque en un par de horas (caso contrario se notaría el empalme del enlucido). La segunda cumple un programa estético: quizás la buñas sean el elemento más sutil de la arquitectura moderna. El trabajo con los volúmenes, una suerte de libre asociación con formas aisladas, recuerdan otros objetos bien estudiados y acabados en sí mismos. La "búsqueda" en la distribución de las ventanas es un buen ejemplo de este tópico. ¿Qué lleva a ese orden que no es un orden reconocido? ¿Cómo se logra ese otro orden que no es la funcionalidad ascética y estricta? La intuición y la sensibilidad sumadas a la búsqueda de una mejor calidad espacial, fuera de los conceptos racionales o funcionales básicos, es el motor de estas formas que pueden pasar como actitudes arbitrarias. La finalidad de estas apuestas es encontrar nuevas formas y crear espacios poco transitados formalmente.