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Los pinos (existen alrededor de 80 variedades de coníferas) y los robles son considerados árboles nobles. La acacia, el eucalipto y el álamo son injustamente llamados árboles bastardos. El caso del álamo es interesante. Es el único ejemplar que dentro del bosque de Cariló se puede talar por ser visto como una plaga. Pero, gracias a su escala intermedia y a la esbeltez de su tronco pálido, se complementa muy bien con los pinos, árboles muy altos y de un verde perenne, y las acacias, de un apagado negro verdoso, casi rastreras. El álamo, aunque discriminado, sirvió de inspiración y fue tenido en cuenta como parte de este proyecto.

 

 

 
 
En los primeros bocetos surgió la idea de la verticalidad, quizás una influencia explícita del bosque donde la conífera abunda. (El pino es un árbol de tronco rectilíneo.) Por otra parte, la idea de torre permite conservar una porción más grande de verde ya que, en proporción. El espacio construido en planta es poco. Otra de las ventajas de la idea de torre es que los moradores tienen la posibilidad visualizan el paisaje circundante a través de distintas escalas de ventanas ubicadas estratégicamente.